Claro que al leer la contratapa ya podemos despuntar las primeras posibles respuestas a lo del entusiasmo grupal y las edades de esos lectores ya que dice: novela obscena y transgresora. Agrega que es extraña, hermosa y significativa, así como adorada por un trío de reconocidos escritores. Voy a confesar que no comprendí mucho -luego de leerla- el gancho de una auténtica parábola de la vuelta a la naturaleza. Quienes escriben las contratapas deberían firmarlas.
Vamos a darle crédito como otro de los atractivos para que la lean quienes trabajan en el mundo del libro a que la referencia del personaje principal, - ¿será la joven Lou o el oso? – es que trabaja como bibliotecaria y abandona ese puesto en la ciudad para realizar un inventario de libros en una vieja casa -en una isla perdida en Canadá-, que tiene por habitante, en un galpón contiguo, a un oso viejo.
Una narración pausada y detallista, con una delicadeza atractiva y atrapante que inevitablemente se estrella contra la pared a mitad de camino. Va dejando sembrado en el surco la semilla del misterio y las revelaciones, a medias, de sus mambos personales. La soledad, su aburrida vida en la ciudad, la necesidad de piel y el sexo con su jefe, su vida de bibliotecaria, y otra vez la soledad y un sin horizonte. Y en ese sin horizonte, ir a un viaje a una isla a hacer su trabajo, un inventario de libros en una casona vieja y misteriosa de un igual misterioso coronel muerto, es una salida atractiva que no puede desechar. El agregado excéntrico: el oso con el que convivían en la casa. Los textos hallados entre los libros, las notas, los libros, todo con referencias a los osos. Su acercamiento al oso viejo, el ir a defecar junto a él para que huela su excremento y así la sienta más cercana, ¿más animal? y mejor no entremos en más detalles.
Aquellos lectores que deseen conocer los relatos profundos del agobio por la soledad de una persona vacía que encuentra el relleno hurgando entre los pelos en la búsqueda de los huevos ocultos del oso viejo, y que se desnuda junto a él -que siempre está desnudo, claro- para experimentar la zoosexualidad, pueden adentrarse en este texto.
No faltará algún que otro arañazo de las garras del oso en la espalda de la bibliotecaria y en el buen gusto de los buenos lectores.
Lo que si no hallarán aquí es la auténtica parábola de la vuelta a la naturaleza.
Desde El Bohío
Marcelo Cafiso
Año 2025


No hay comentarios:
Publicar un comentario