Zambra es una de las revelaciones contemporáneas más interesantes de la literatura latinoamericana, y particularmente chilena.
Escrita hace casi 20 años atrás, llegó a mis manos por ese interés de conocer mejor a los nuestros, más allá de noticias y artículos leídos de él.
Me agradó el título.
Comienza revelando el final, lo cual es
asombroso y llamativo en una novela, porque a veces esperamos llegar
a las últimas páginas para ese revelador final, ese sacudón de las ramas de la
trama, ese algo que nos estremezca y nos deje pensando, o tal vez nos
decepcione y nos sepulte en la desilusión siempre triste de nuestros despojados anhelos. Nada de
eso pasará aquí. Porque el final ya lo conocemos al leer el primer párrafo que
concluye con una frase que me trasladó inmediatamente a Ezequiel Martínez
Estrada, ese gran pensador, escritor y poeta argentino, olvidado y ocultado por
miopes razones de la historia argentina. El autor cierra ese párrafo primero
con la frase “El resto es literatura”. No sé si Zambra lo ha leído y tomado de
él, lo cual es lo de menos, pero Don Ezequiel M. Estrada lo usó en un brillante trabajo
sobre José Martí dándole el mismo sentido que el autor en Bonsái. Nunca mejor condensado
lo que se hace en un buen libro, en una buena literatura y esta sobradamente lo
es.
Dos jóvenes chilenos, Julio y
Emilia, el conocerse y sus primeros encuentros sexuales y literarios o bien
podríamos decir, sexoliterarios de combinación perfecta donde no todo es carne,
porque nunca es solamente carne, siempre hay un algo más…
Luego los entremeses de las relaciones
humanas, la sinceridad, la mentira, la omisión y los encuentros y desencuentros
entre marihuana y sábanas con libros y sudores.
Será un breve relato de Macedonio
Fernández, la lectura diferente, el antes y el después. Y el final será Proust
y la búsqueda del tiempo perdido.
La vida y sus caminos que al
final terminan conectándonos y desconectándonos en este breve tiempo de
existencia. Las diferentes personalidades, los deseos y las posibilidades de lograr
o no aquello que soñamos. En definitiva, la vida con sus laberintos más
inesperados.
Contar algo más aquí sería
hacer lo que hizo el autor en aquel primer párrafo pero apuñalando la mejor parte
de la novela que no es el final sino la propia trama tan poéticamente narrada.
Utiliza un recurso que le da originalidad
al ir y venir, afirmar y negar, con salidas ocurrentes y sorpresivas.
El ser humano, el amor, la
muerte y la desazón ante la misma. La búsqueda de la felicidad y el fracaso
ante el no hallazgo.
Un texto, ágil, atrapante, con
un muy buen ritmo, dinámico, sencillo, gracioso debido a sus pinceladas de
humor, inteligente, con personajes inolvidables, con amor, con dolor, con sufrimiento,
con literatura, con poesía, un texto para comenzar a leer este gran autor y
para disfrutar de la buena literatura latinoamericana.
Desde el Bohío
Marcelo Cafiso
Año 2025


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